Fundamentos de nuestra práctica educativa

Construir ciudadanía global a través de la educación transformadora

InteRed, a través de la educación transformadora, apuesta por una ciudadanía global crítica, responsable y comprometida con la transformación de la realidad local y global, con el fin de construir un mundo más justo, más equitativo y más respetuoso con la diversidad y con el medio ambiente, en el que todas las personas podamos desarrollarnos libremente y satisfactoriamente.

La educación transformadora para la ciudadanía global fomenta el respeto y la valoración de la diversidad como fuente de enriquecimiento humano, la conciencia ambiental y el consumo responsable, el respeto de los derechos humanos individuales y sociales, la equidad de género, la valoración del diálogo como herramienta para la resolución pacífica de los conflictos y la participación democrática, la corresponsabilidad y el compromiso en la construcción de una sociedad justa, equitativa y solidaria.

Construir una ciudadanía global es comprometernos con la justicia global y nos remite a combatir la desigualdad para que todas las personas podamos vivir una vida digna. Nos remite también al respeto universal de los derechos humanos. Hablar de ciudadanía global significa reconocer que las personas somos interdependientes (dependemos recíprocamente unas de otras), y además somos ecodependientes, condición por la que las personas necesitamos la naturaleza. Requerimos, por tanto, cuidar de las personas y de la naturaleza, es decir, poner la sostenibilidad de las vidas en el centro, en lugar del mercado, la producción y el consumo.

En InteRed, consideramos que una educación transformadora para la ciudadanía global parte de tres coordenadas:

1 Una mirada analítica y crítica a la realidad desde valores éticos.

2 Una profunda insatisfacción que genera una sociedad injusta, que no tiene en cuenta la dignidad de todas las personas ni sus derechos humanos.

3 La voluntad de transformar la realidad, sumando fuerzas con otras personas que participan en esta misma obstinación, comparten la misma orientación y creen que la educación no puede ni debe rehuir sus responsabilidades sociales.

La Educación para la ciudadanía global supone un enfoque integral de la persona y del mundo.

Requiere un aprendizaje holístico que tenga en cuenta todas las dimensiones de la persona, del mundo y de sus interconexiones: locales y globales; pasadas, presentes y futuras.

Requiere también la comprensión global y el compromiso con la acción transformadora.

No hay educación transformadora sin el deseo y la creencia en la posibilidad que un cambio social es posible.

De ahí que la propuesta didáctica incorpore el abordaje de los siguientes componentes:

Cognitivo

Que permite procesos de conocimiento intelectual, análisis crítico de la realidad concreta, local y global; causas, problemas y efectos del modelo de desarrollo imperante.

Ético

Que posibilita desarrollar actitudes y valores basados en la interdependencia solidaria, la justicia, la equidad y la defensa de la dignidad de todas las personas.

Espiritual

Que desarrolla la capacidad de interiorizar, el autoconocimiento y la predisposición a formular preguntas sobre el sentido de la existencia.

Socioafectivo

Que contempla la gestión de las emociones y el desarrollo de habilidades sociales; moviliza la empatía, la indignación, la ternura, el deseo de justicia, la rabia, los miedos, las tristezas, los desánimos, las alegrías… En definitiva, las emociones que se despiertan e intensifican en las intervenciones sociales.

La acción comprometida

Que propone procesos que reúnen conocimientos, habilidades, actitudes y emociones, orientándolos a la acción que transforma, activando maneras de comportarse, de sentir, de crecer… conscientes de que las personas tenemos la capacidad transformadora de influir a favor del bien común y la justicia social, que somos agentes políticos con capacidad de decidir y de incidir.

La propuesta incorpora los enfoques que proyectamos en todos los procesos formativos que acompañamos, parte de nuestra identidad como organización. Estos son:

De género

Que tiene en cuenta las diferencias y desigualdades entre hombres y mujeres existentes y que discriminan a las mujeres. Es decir, visibiliza la manera en que el género puede afectar la vida y las oportunidades de las personas para resolver sus problemas y dificultades. Nos ayuda a ser conscientes de las diferentes perspectivas y facilitar, a través del empoderamiento, mecanismos para aumentar las capacidades, la autoestima, la autonomía y el poder de decisión de las mujeres sobre sus vidas en los ámbitos públicos y privados, y en todos los espacios de participación social, política, económica y cultural.

Intercultural

Que apuesta por una convivencia donde nos sabemos iguales, al tiempo que diversas; enriqueciéndonos mutuamente y respetando a todas las personas, reconociendo, de igual modo, nuestra propia identidad.

Basado en los Derechos Humanos

Que favorece el fortalecimiento de capacidades de las personas y las comunidades para reclamar sus derechos, para su participación directa en las decisiones relativas a su propio desarrollo y para exigir el cumplimiento de sus obligaciones a los gobiernos y sus responsabilidades a las organizaciones de la sociedad civil y al sector privado.

De sostenibilidad ambiental

Que nos hace tomar conciencia de nuestra ecodependencia con el medio ambiente, del cuidado del espacio natural al que pertenecemos y del que somos responsables, de vivir en el respeto y la armonía con la naturaleza.

Socioeducativo

Que se compromete con la humanización de las personas, la búsqueda permanente del bien común y el ejercicio de una ciudadanía corresponsable, actuando a favor de la inclusión y la equidad.

Pedagogía de los cuidados y coeducación

La pedagogía de los cuidados propone un modelo coeducativo en el que los cuidados son prioritarios, y, por tanto, la vida y su sostenibilidad están en el centro de los contenidos y las acciones educativas. Incide en la responsabilidad de la desigualdad que han sufrido las mujeres por ser socializadas, presionadas y obligadas a desarrollar los cuidados. Por lo tanto, requiere la corresponsabilidad de los hombres y los gobiernos en el desarrollo de los cuidados y cuestiona el sistema hegemónico, que es patriarcal y capitalista, y que tiene su eje en el mercado en vez de la vida.

Con cuidados nos referimos a aquellas actividades imprescindibles para el mantenimiento de la vida, tanto en un plano físico como emocional y sociopolítico, como atender, escuchar, gestionar el presupuesto del hogar, consolar, enseñar, asistir a las personas enfermas o dependientes, acompañar en la muerte, parir, criar, alimentar, cocinar, lavar, coser, sanar, reciclar, reutilizar, generar redes de cuidados colectivas, participar en actividades para mejorar los derechos humanos y la conservación del planeta …

Todos estos cuidados son necesarios y no son susceptibles de ser jerarquizados. Las acciones que mantienen la vida no se pueden abandonar. Por ello, aunque esta sociedad ha infravalorado los cuidados, necesita quien se haga cargo, función que ha recaído mayoritariamente sobre las mujeres.

En un tiempo en el que el sistema educativo parece tender a preparar a las personas del futuro exclusivamente para el ejercicio profesional, InteRed considera clave retomar el papel humanista, transformador y ético de la educación y su papel fundamental en la construcción de ciudadanía crítica, responsable y plena.

Apostamos por la coeducación como la herramienta educativa que guía nuestros aprendizajes y acciones hacia la equidad de género y que toma del Feminismo, como pedagogía y apuesta política, un marco de referencia para la transformación social.

La práctica coeducativa desarrollada en esta unidad, incorpora el trabajo en torno a los siguientes ejes:

Poner en el centro el cuidado de las personas y del planeta

Favoreciendo aprendizajes que reconozcan la interdependencia entre las personas y la ecodependencia, frente a la centralidad de los mercados, poniendo en valor todo aquello que permite y facilita la sostenibilidad de la vida y el bienestar de todas y todos.

Reconocer y celebrar la riqueza de la diversidad de identidades

como valor en positivo y fuente de transformación, repensando las identidades hegemónicas impuestas por el heteropatriarcado (en cuanto a sexo, etnia, clase, edad, orientación e identidad sexual, diversidad funcional, etc.), en nuestro camino hacia una igualdad de derechos y oportunidades para todas las personas.

Prevención de violencias

considerando la cadena global de cuidados como una forma de violencia estructural vinculada al sistema socioeconómico y al papel desempeñado por las mujeres en este sistema, donde la cadena global de cuidados pone de manifiesto su complejidad y la perversión del sistema que sigue generando diferentes ejes de desigualdad, de opresión, de discriminación y de vulneración de derechos humanos fundamentales.